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Borgen, una historia que ojalá nos suceda alguna vez




Netflix y la televisión danesa trabajan en la cuarta temporada de “Borgen”, el drama político que es suceso hoy en Latinoamérica, diez años después de su difusión y éxito en Europa.

La plataforma on line de series y películas la puso al aire este año en septiembre y desde entonces, tiene una encantadora aceptación en nuestra región.

Borgen relata la intimidad y las peripecias de la política danesa en torno a la figura de Birgitte Nyborg, quien logra ser la primera mujer en lograr el cargo de Primer Ministro de Dinamarca, con lo que la ficción se adelantó a la realidad: Helle Thorning-Schmidt, líder del partido social demócrata danés, fue la primera mujer en ocupar el cargo en Dinamarca, un año después del estreno de la serie.

El nombre proviene de Christiansborg, la sede de los tres poderes del estado y oficina del primer ministro, por lo que el palacio es reconocido informalmente como Borgen.

El enorme éxito de la serie sorprendió incluso a sus ideólogos. El jefe de la sección Drama de la Danmarks Radio, la corporación de radiodifusión pública de Dinamarca, le dijo a los productores de la serie que «sería un programa muy local, que probablemente nunca se vendería a ningún lado, porque era una serie danesa sobre la política de colisiones. ¿Y cómo podría eso interesar a alguien, excepto a los daneses?», contó al diario chileno La Tercera, el guionista y productor Adam Price (53), creador a su vez de otra serie de éxito llamada “Algo en qué creer”, sobre la fe, la iglesia y la familia, que también está en Netflix y bien se merece otra reseña.

Si bien las internas parlamentarias danesas no parecerían generar un espontáneo interés de parte nuestra, la historia en sí, el guión, la calidad actoral reunida y la exquisita estética danesa, terminan por conquistar desde el minuto uno de la serie para conducirnos por un atrapante corredor de emociones, en medio de los entresijos políticos y la vida privada de sus protagonistas.




NIVEL ACTORAL DE PRIMERA

En la cabecera de la mesa del elenco, Sidse Babett Knudsen, en el papel de la mujer que por una serie de circunstancias se convierte en primera ministra. Aunque bella, la actriz está bastante lejos del patrón matemático de los 90-60-90 que dictan los códigos numéricos de la seducción en nuestros pagos.

Es impecable y hasta soberbia su interpretación de la política con ideales firmes e innegociables, que en la intimidad familiar debe lidiar con el alto costo de una vida entregada al cargo, donde se desnudan las fragilidades propias del ser humano ante las leyes de la piel y del corazón. Seduce, conquista y enamora al espectador.

A su lado, Pilou Asbæk, rotundo como actor interpretando a Kasper Juul, jefe de prensa de la primera ministra, con un rol que termina en clases magistrales de lo que es la comunicación estratégica en términos políticos, y Birgitte Hjort Sørensen, bella e imponente periodista con ansias de escalar en su papel de presentadora de noticias del canal líder del país.

El elenco tiene además a otros brillantes actores que, ante una lista muy numerosa de las tres temporadas, solo me permito citar a Lars Knutzon, en el papel de un veterano político del partido de Nyborg, a quien asesora y acompaña con una fidelidad a prueba de todo; Mikael Birkkjær, como Phillip Christensen, el marido de la primera ministra y Søren Malling, como Torben Friis, el editor en jefe del canal, con sus principios periodísticos a menudo presionados por el rating, por su equipo de periodistas demandante y por los líos emocionales en su matrimonio.


EL ENCANTO DE DINAMARCA

Dinamarca es, en muchos aspectos, un país modelo. Habitualmente se encuentra entre los países más conectados del mundo (ha sido número uno varias veces), trabaja en un plan para detener por completo la extracción de combustibles fósiles de aquí a 2050 y su capital, Copenhague, aspira para el 2025 a tener una huella de carbono cero al generar más energía renovable que la energía sucia que consume.

La literatura enfocada a su cultura, nos cuenta que los daneses se caracterizan por valores como la empatía, la solidaridad, la confianza entre las personas, la igualdad, la justicia, la tolerancia y la libertad.

Tienen un enorme apego a sus leyes y a su constitución. Aún así, por lo que nos cuenta Borgen, sufre también de políticos con mezquindades y habitués de los caminos torcidos, riñendo con la ética.

A pesar de esto, de valores, pensamientos y conductas bastante más avanzados y firmes que los que distinguen a la fauna política latinoamericana, también se ve que hay ciertos vestigios de machismo, misoginia, la traición a los principios y otros males.

Por eso es más valioso para nuestro entendimiento que la serie sea una producción de la propia cadena estatal, lo que de nuevo nos deja a años luz de esos avances, dado que en nuestro país la TV pública no supo aun desprenderse de añejas malas prácticas de favorecer al gobierno de turno, en lugar de enfocarse en políticas culturales, artísticas y sociales que apunten a una mejora sustancial de la comunicación a la ciudadanía. Y ni hablar de que tenga un presupuesto para la producción de ficción que pueda favorecer a los talentos locales.


LA TV PÚBLICA DANESA

En 1992, Rumle Hammerich, director y guionista, fue nombrado director del departamento de ficción de la cadena estatal (la DR tiene TV y Radios) y viajó a Estados Unidos para ver cómo se hacía TV y ficción en ese mercado tan competitivo. A su regreso, concluyó que debía reunir a los mejores de cada área (actores, directores, iluminadores, directores de fotografía) y puso en la cúspide de estos elencos a los guionistas para que trabajen con total libertad en sus historias, para que prime el interés artístico, aprovechando que no existe el interés mercantil sobre el producto ni dependen del aviso, porque la cadena se sostiene con impuestos y tiene como misión de servicio público impartir valor para la sociedad y su cultura, estableciendo estándares de credibilidad, independencia, equilibrio, variedad y calidad.

En la historia de Borgen se devela la fuerte relación de la política con los medios y con los periodistas. De cómo la prensa es la plataforma necesaria para la instalación de una agenda para la relación armoniosa con un plan o para la distracción sobre los hechos de interés que la dirigencia prefiere estén ocultos. Los periodistas no pueden dejar de ver la serie. Se verán reflejados en ella.

La serie incluye un pensamiento filosófico o político en cada episodio, casi siempre la piedra angular de ese programa. Hay abundantes frases de Maquiavelo, Churchill, Mao Tse-Tung, Lenin o James Joyce. O proverbios, como el groenlandés “Si tratas de ocultar un fantasma, lo haces más grande”.

Si me permiten el spoiler, les digo que al ver Borgen, aunque ya tengamos suficientes motivos locales, el desencanto con nuestra salvaje política será aún mayor. Y se verá, como reza otra frase de la serie, que “la democracia es la peor forma de gobernar un país, si no fuera porque las demás son aún peores”.

O ya que estamos con sus frases, veremos también que, a la manera paraguaya, “algunos cambian de partido para defender sus principios; otros de principios para defender su partido”.

En apretada síntesis, Borgen es una escuela del buen guión, una serie con brillantes interpretaciones actorales, un compendio de tramas inteligentes y muy emotivas, en el marco de una historia política que ojalá nos suceda alguna vez.

Se las recomiendo fervorosamente.

Véanla. Y después me cuentan.

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